Efectivamente, se oye que hay entre ustedes fornicación, y una fornicación tal que ni aún entre los paganos se menciona, a tal extremo que un hijo toma a la esposa de su padre.2
Pero ustedes están hinchados por el orgullo en lugar de lamentarse, para que sea expulsado de entre ustedes el que ha llevado a cabo semejante acción.3
Porque aunque estoy lejos de ustedes en cuerpo, pero cerca de ustedes en espíritu, ya he juzgado como si estuviera presente al que ha hecho semejante cosa,4
para que en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos todos ustedes, y yo juntamente con ustedes en espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo,5
Límpiense de la vieja levadura, para que sean una nueva masa, de tal manera que sean pan sin levadura, porque el Cristo es nuestra Pascua, que fue sacrificado.8
pero no me refiero a los fornicarios que están en este mundo, ni a los codiciosos, ni a los estafadores, ni a los idólatras, porque de otra manera ciertamente les sería necesario salir del mundo,11
sino que esto que les he escrito es para que no se junten con alguno que llamándose hermano, sea fornicario, o estafador, o idólatra, o calumniador, o borracho o ladrón. Con uno que sea así, ni siquiera coman pan.12