No se debe orar por los muertos

Mat. 12:31, 32: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que diga alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no le será perdonado ni en esta época ni en la venidera.” (Si el Espíritu Santo fuera una persona y fuera Dios, este texto sería una contradicción rotunda de la doctrina de la Trinidad, porque significaría que de algún modo el Espíritu Santo sería mayor que el Hijo. Más bien, lo que Jesús dijo muestra que el Padre, a quien pertenecía el “Espíritu”, es mayor que Jesús, el Hijo del hombre.) Únicamente Dios sabe si una persona ha cometido el pecado imperdonable. Pablo arrojó luz sobre esto cuando escribió: “Si voluntariosamente practicamos el pecado después de haber recibido el conocimiento exacto de la verdad, no queda ya sacrificio alguno por los pecados, sino que hay cierta horrenda expectación de juicio”. (Hebreos 10:26, 27.) La persona que es voluntariosa obra deliberadamente, es obstinada y “por capricho quiere hacer siempre su voluntad” (Diccionario de la Lengua Española). Cualquier persona que voluntariosa y obstinadamente sigue practicando el pecado después de haber conocido la verdad no recibe perdón. Por lo tanto, lo que determina si el pecado es perdonable o no, no es tanto el pecado en sí, sino la condición de corazón de la persona, el grado de voluntariedad implicada. Por otra parte, ¿qué pudiera indicar el hecho de que el cristiano que ha pecado esté muy perturbado por el mal que [...x]