EL PRONUNCIAMIENTO DEL MINISTERIO
La opinión sobre las dietas del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad aparece hoy en la web de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), entidad que nació de la fusión entre la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición y el Instituto Nacional de Consumo y que depende de la Secretaria General de Sanidad y Consumo teniendo personalidad jurídica diferenciada con plena capacidad de obrar. Y hace ya varios años decidió pronunciarse con esta explicación que reproducimos textualmente del siguiente enlace: : «Frecuentemente aparecen nuevas dietas de adelgazamiento difundidas a través de programas de televisión, revistas de moda, alimentación, etc., que tienen en común la promesa de una rápida pérdida de peso sin apenas esfuerzo. Estas ‘dietas milagro’, frecuentemente, son fruto de la búsqueda de beneficios económicos más que de la promoción de una alimentación sana y equilibrada y son prescritas por personas sin conocimientos científicos ni profesionales en el campo de la nutrición. En general estas dietas inducen una restricción de la energía ingerida muy severa que conduce a deficiencias en vitaminas y minerales, alteraciones del metabolismo y a una monotonía alimentaria que las hace insostenibles en el tiempo y peligrosas para la salud. Se caracterizan, pues, por las escasas calorías que aportan. Ante esta situación cercana al ayuno el organismo reacciona compensando la falta de energía recibida con un aumento de la destrucción de las proteínas corporales, como fuente alternativa de energía, lo que provoca una pérdida de masa muscular y, por otro lado, la formación de sustancias peligrosas para el organismo cuando la dieta se prolonga en el tiempo. Sin embargo quien sigue estas dietas interpreta erróneamente la pérdida de masa muscular -y, por tanto, de peso- con el éxito del régimen escogido pues dan resultados espectaculares al subirse a la báscula durante las primeras semanas. Esto se debe a que el tejido muscular es muy rico en agua con lo que se elimina mucho líquido en la primera fase. En ocasiones este proceso se refuerza con el consumo de diuréticos (fármacos que promueven la excreción de orina), lo que conduce a una aún más llamativa pérdida de peso».
Añadiendo: «Un problema añadido de estas ‘dietas milagro’ es que favorecen una recuperación muy rápida del peso perdido (efecto ‘¡rebote’ o “’yo-yo’). La tendencia exacerbada a la recuperación del peso se produce porque las situaciones de ayuno ponen en marcha potentes mecanismos nerviosos y hormonales que se oponen a la pérdida de peso: mayor rendimiento del metabolismo corporal con un mayor ahorro energético e incremento del apetito. Estos mecanismos conducen a una rápida recuperación del peso perdido en cuanto se vuelve a comer de la forma habitual. Ese peso recuperado se debe predominantemente a la formación de tejido graso, que es, precisamente, el que origina problemas de salud y el que deberíamos reducir con la dieta (como se demostró ya en los experimentos realizados por el gran científico español de la nutrición profesor Grande Covián hace 30 años).
La web continúa diciendo: «Los signos que permiten reconocer una ‘dieta milagro’ son.
-La promesa de pérdida de peso rápida: más de 5 kg por mes.
-Se puede llevar sin esfuerzo.
-Anunciar que son completamente seguras, sin riesgos para la salud.
Y a continuación, como si todas las dietas que critican fueran hipocalóricas -lo que en modo alguno es así-, añaden:
«En resumen, las dietas muy restrictivas, muy bajas en calorías, aunque consiguen que el peso disminuya a corto plazo constituyen un riesgo inaceptable para la salud ya que pueden:
1. Provocar deficiencias de proteínas, vitaminas y minerales por la falta de consumo con los alimentos.
2. Producir efectos psicológicos negativos.
3. Desencadenar, incluso, trastornos del comportamiento alimentario (anorexia y bulimia), a veces de mayor gravedad que el exceso de peso que se pretendía corregir.
4. Favorecer el efecto “rebote” o “yo-yo”.
5. Al abandonar estas dietas las personas que las siguen no han aprendido a comer saludablemente y vuelven a las costumbres que les hicieron engordar.»
Tal es la absurda y manipuladora introducción sobre las dietas de quienes se supone son expertos de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) dando por sentado que casi todas las que mencionan luego son bajas en calorías o nutritivamente desequilibradas. Una completa falsedad que hace que cualquiera se pregunte quiénes integraban el denominado «grupo de trabajo del Comité Científico de la AESAN» del que solo sabemos que se trataba de personas pertenecientes a la Organización Médica Colegial (OMC), al Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF), a la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), a la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y a la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD); lamentable utilización pues de los nombres de esas asociaciones la mayor parte de cuyos asociados deben estar abochornados de que se les asocie con argumentos tan carentes de fundamentación científica.
LAS «DIETAS MILAGRO» SEGÚN EL MINISTERIO
Pero sigamos; la web hace a continuación una Clasificación y descripción de las principales dietas milagro afirmando lo siguiente: «De forma general, las llamadas ‘dietas milagro’ se pueden clasificar en tres grandes grupos:
–Dietas hipocalóricas desequilibradas: en estas se incluyen La dieta de la Clínica Mayo, la Dieta ‘toma la mitad’, la Dieta Gourmet y la Dieta Cero. Estas dietas provocan un efecto rebote caracterizado por una rápida ganancia de peso que se traduce en un aumento de masa grasa y pérdida de masa muscular. Esto obedece a que el metabolismo se adapta a la disminución drástica de la ingestión de energía mediante una disminución del gasto energético. Estos regímenes suelen ser monótonos además de presentar numerosas deficiencias en nutrientes, sobre todo si se prolongan por largos períodos de tiempo.
–Dietas disociativas: Dieta de Hay o Disociada, Régimen de Shelton, Dieta Hollywood, Dieta de Montignac, Antidieta, etc. Se basan en el fundamento de que los alimentos no contribuyen al aumento de peso por sí mismos sino al consumirse según determinadas combinaciones. No limitan la ingestión de alimentos energéticos sino que pretenden impedir su aprovechamiento como fuente de energía con la disociación. Esta teoría carece de fundamento científico y los resultados obtenidos sólo obedecen a un menor consumo de energía. Además este tipo de consumo es casi imposible porque no existen alimentos que solamente contengan proteínas o hidratos de carbono».
–Dietas excluyentes: se basan en eliminar de la dieta algún nutriente. Estas dietas pueden ser: i) ricas en hidratos de carbono y sin lípidos y proteínas como la Dieta Dr. Prittikin y la Dieta del Dr. Haas; ii) ricas en proteínas y sin hidratos de carbono: Dieta de Scardale, Dieta de los Astronautas, Dieta de Hollywood y la Dieta de la Proteína Líquida. Producen una sobrecarga renal y hepática muy importante; iii) ricas en grasa: Dieta de Atkins, Dieta de Lutz. Se conocen como dietas cetogénicas. Pueden ser muy peligrosas para la salud produciendo graves alteraciones en el metabolismo».
Tal es la «sesuda», «documentada», «rigurosa» y «científica» valoración del grupo de «expertos» a los que el ministerio acudió en su día para que se pronunciaran y que demuestra solo una cosa: ni siquiera se las han leído. Y si lo han hecho han entendido poco y mezclan medias verdades con mentiras. De hecho en la web solo se añade algo de seis de ellas, quizás por considerar que son las más difundidas aunque es evidente que el informe está desfasado porque ni siquiera se citan las más conocidas en la actualidad (como la Dieta Dukan). Del resto ni una explicación que justifique sus afirmaciones.
Veamos ahora qué dicen de esas seis aclarando que no damos a conocer en qué se fundamenta cada una ya que este texto se alargaría en exceso y el lector puede leerlo por su cuenta en el link antes citado.
1) Sobre la Dieta disociada de Hay. Se asegura que «carece de fundamento científico» y que los resultados que se obtienen con ella «solo obedecen a un menor consumo de energía» y además «lleva fundamentalmente a una pérdida progresiva de la motivación para ingerir alimentos ya que cada día al paciente sólo le está permitido la ingesta de un solo alimento, aunque en cantidades elevadas». La crítica se completa afirmando que «en una dieta equilibrada los hidratos de carbono deben aportar entre el 50 y 60% de la energía total», una aseveración gratuita de los «expertos ministeriales» que por supuesto no fundamentan «científicamente» ya que ellos no necesitan hacerlo porque están en posesión de la «verdad oficial». Tales son todos sus argumentos para descalificarla.
2) Sobre la Dieta de Atkins. Propuesta por el cardiólogo estadounidense Robert C. Atkins dicen los expertos ministeriales que «se basa en un consumo casi exclusivo (90%) de proteínas» y «se deja un mínimo espacio (10%) a hidratos de carbono extraídos de las verduras y frutas» añadiendo: «Este tipo de dieta pertenece al grupo de dietas milagrosas llamadas científicamente ‘dietas cetógenas’. En ellas se retira absolutamente el consumo de hidratos de carbono y se potencia el consumo de proteínas y grasas». Solo que tal afirmación es una verdad a medias y, por tanto, una falsedad; Atkins nunca propuso tal cosa. En cuanto a la principal crítica es que se trata de una dieta que «provoca falta de apetito, halitosis, estreñimiento, aumento del colesterol sanguíneo, aumento de los niveles de ácido úrico y, en algunas situaciones, riesgo cardiovascular por el excesivo de consumo de grasas o sobrecarga del riñón por el exagerado consumo de proteínas». Otra verdad relativa porque una cosa es que Atkins permitiera comer proteínas y grasas y otra muy distinta que animase a atiborrarse de ellas. Antes bien, propuso ser moderado con su ingesta. Es más, Atkins dio a conocer su dieta a principios de la década de los años setenta en un libro titulado La revolución dietética del Dr. Atkins que modificaría posteriormente en 1992 publicando La nueva revolución dietética del Dr. Atkins para resolver algunos problemas de la misma.
3) Sobre la Dieta de la Clínica Mayo. A pesar de su nombre no tiene nada que ver con la conocida clínica estadounidense. Consiste básicamente en ingerir huevos, pescados, carne, verduras, frutas, frutos secos y productos integrales cocinados sin grasas siendo el agua, el té y el café las únicas bebidas autorizadas. Los «expertos» critican sobre todo que se excluyan los lácteos alegando que «la exclusión de leche y productos lácteos (queso, yogures, etc.) determina deficiencias de calcio y, en consecuencia, riesgo de osteoporosis e hipertensión. Además el contenido proteico de esta dieta es superior al doble de lo recomendado». Es decir, defienden la ingesta de lácteos animales cuando su peligro está hoy más que demostrado (léase en nuestra web –– el reportaje que con el título ¿Es la leche animal adecuada para el consumo humano? apareció en el nº 84). Por otra parte, aseguran que suele provocar «un efecto rebote caracterizado por una rápida ganancia de peso que se traduce en un aumento de masa grasa y pérdida de masa muscular». Lo que según aseguran «obedece a que el metabolismo se adapta a la disminución drástica de la ingestión de energía mediante una disminución del gasto energético. Al aportar pocas calorías, del orden de 1.200 diarias, el riesgo para la salud es grande ya que la grasa se quema muy rápido y pueden producirse cuadros de acidosis (acidificación del pH de la sangre) y cetosis (presencia de cuerpos cetónicos en sangre)». Asimismo critican «la escasa oferta de alimentos que contiene» lo que la hace «monótona» además de «presentar numerosas deficiencias en nutrientes, sobre todo si se prolongan por largos períodos de tiempo».
4) Sobre la Dieta de la sopa. Esta dieta se basa en ingerir a diario solo una sopa que se prepara con seis cebollas, dos ramilletes de apio, dos pimientos verdes, medio kilo de tomates y un repollo o una col con un cubito de caldo, sal y pimienta que, una vez troceado, se hierve en diez litros de agua, se bate y se guarda para tomar fría o caliente además de frutas, verduras, arroz integral, un poco de carne de vacuno, leche desnatada, zumos, té sin azúcar y café estando todo lo demás prohibido. Los expertos la critican porque «se trata de una dieta monótona que provoca deficiencias de proteínas, vitaminas y minerales». Añadiendo: «Como los alimentos que componen la sopa poseen un escaso valor calórico su aporte energético es bajo. Además no proporciona suficientes aminoácidos y ácidos grasos esenciales, calcio, hierro y vitaminas A, D, E y K». Según aseveran «se adelgaza a expensas de perder líquidos, electrolitos, reservas de proteínas y en un menor porcentaje grasa, que es lo que realmente interesa perder. Es una dieta deficitaria en casi todos los principios inmediatos».
5) La Dieta del grupo sanguíneo. Fue propuesta por los investigadores James y Peter D’Adamo quienes postulan que la buena o mala asimilación de los alimentos está condicionada por el grupo sanguíneo. Hasta el punto de que en cada grupo –A, B, AB y O- hay alimentos que son perjudiciales, otros beneficiosos y otros neutros. Es más, aseguran que varias enfermedades pueden deberse al mero consumo de alimentos no adecuados para nuestro grupo sanguíneo. Otros, en cambio, nos ayudarían a sanar. Incluso afirman que en ello está la razón de que muchas personas no consigan adelgazar cuando se ponen a dieta. Lo explicamos en el reportaje que con el título ¿Condiciona el grupo sanguíneo nuestra alimentación? Apareció en el nº 62 de nuestra revista). Los expertos ministeriales la critican porque «no es una dieta equilibrada» y «no existe una relación científicamente comprobada entre el tipo de sangre y la utilización de tejido graso. La prohibición de alimentos hace que la dieta esté asociada con sensaciones de hambre y sufrimiento e induce a la pérdida de masa libre de grasa, en vez de masa grasa. Hay personas que pueden llegar a obsesionarse respecto a que si un alimento es de su grupo o no y no querer comer absolutamente nada si no es de su grupo por miedo a desarrollar inmediatamente las enfermedades de las que avisa el creador de la dieta. Además, las personas del grupo O que son vegetarianas pueden sentirse ofendidas al pensar que esta teoría les quiere obligar a volver a comer carne».
6) Sobre la Dieta de Montignac. Según los expertos ministeriales «se fundamenta en el índice glucémico de los alimentos que se consumen más que en su contenido calórico (energético), que no se considera clave. Es decir, que la elección de los alimentos al establecer un régimen de adelgazamiento se condiciona por su contenido en glúcidos (azucares) ya que un exceso de estas sustancias impediría al páncreas procesarlas y, por tanto, provocaría un aumento de peso». Y la critican porque «puede ocasionar ciertos efectos secundarios como la excesiva rapidez en la pérdida de peso, deficiencia de minerales, vitaminas y fibra y aumento del ácido úrico y del colesterol así como mal sabor de boca«. Añadiendo que «un desequilibrio entre el aporte excesivo de proteínas e insuficiente de hidratos de carbono puede ocasionar descalcificación ósea y daños renales por exceso de nitrógeno. También pueden causar fatiga y mareos por falta de hidratos de carbono ya que la glucosa, un sustrato deficiente en estas dietas, es la fuente de energía preferida por el organismo. El contenido proteico de esta dieta es superior al doble de lo recomendado (entre un 10-15% de la energía que aporta la dieta debe proceder de las proteínas) lo que puede suponer, además de una sobrecarga renal, una ingestión insuficiente de otros nutrientes esenciales, aumentar los niveles de ácido úrico y provocar ataques de gota en personas con hiperuricemia (niveles de ácido úrico alto)». Críticas que en buena parte no se sostienen porque de nuevo confunden los expertos lo que realmente se propone en ella con que ellos dicen que se propone. En realidad la dieta de Michel Montignac es una mera adaptación para ejecutivos de la dieta de Atkins.
7) Sobre la Dieta de la Luna. Los «expertos» ministeriales recuerdan que «la dieta de la luna se basa en la teoría según la cual las diferentes fases de la luna afectan al ‘ritmo corporal interno’ siguiendo la misma pauta que los mares y los océanos». Y añaden: «Según sus defensores uno de los factores que más influye en la pérdida de peso es la capacidad de nuestro organismo de absorber agua y eso está ligado a la fuerza de atracción que ejerce la luna sobre los líquidos y, en mayor medida, cuando la luna cambia de fase. Es decir, que los líquidos del cuerpo tienden a seguir los ritmos de las mareas, que son provocadas por la influencia de la luna». Los expertos explican luego que la dieta «consiste en la práctica de ayuno total durante uno o tres días completos, en función de la modalidad, pero este ayuno ha de coincidir exactamente con el cambio de fase lunar. Durante ese período no debe ingerirse ningún alimento a excepción de líquidos sin azúcar. Se supone que tras realizar el ayuno se llega a una pérdida de peso de hasta 3 kg que luego no se recuperan». Los expertos la rechazan con el mismo argumento: «No responde a ninguna base científica». Añadiendo: «La práctica del ayuno completo, aunque sea durante pocos días, no es un método aceptable para adelgazar pues puede originar desequilibrios metabólicos que pueden llegar a ser peligrosos, especialmente en personas con alguna enfermedad de base. La pérdida de peso debe abordarse a través de una dieta equilibrada en sus nutrientes y en la distribución de los mismos a lo largo del día, además de la realización de una actividad física regular adaptada a las necesidades de cada persona».
8) Sobre el Test de Alcat. La razón de que los expertos ministeriales incluyan entre las «dietas milagro» un test sanguíneo que simplemente detecta la intolerancia a algunos alimentos negando que ello pueda ser la causa de que la persona esté obesa o no logre adelgazar roza el ridículo y lo basan en su manido argumento de que «no existen estudios de investigación que demuestren su eficacia; es decir, no se fundamenta en ningún conocimiento aceptado por la comunidad científica». Añadiendo -gratuitamente- que seguir una dieta que excluya los alimentos a los que se es intolerante puede provocar «desequilibrios en los nutrientes básicos» y «problemas de obsesión». Y finalizan diciendo: «Si bien el test puede tener cierta utilidad para conocer dichas intolerancias no se considera en absoluto un método para adelgazar y no debería utilizarse con ese fin». Comentarios que demuestran que ni siquiera están al día de los trabajos más recientes sobre Nutrición.
La web de AECOSAN termina añadiendo tres enlaces a un breve documento titulado Perder peso de forma saludable lleno de generalidades que en realidad se limita a decir que ¡para adelgazar hay que restringir la cantidad de calorías que se ingieren! -y eso después de aseverar en sus críticas que las dietas hipocalóricas son negativas- porque lo que engorda es la grasa que se consume -cuando cualquier persona puede comprobar que aun eliminando toda la grasa de la dieta se puede engordar–, otro titulado la Pirámide NAOS y un breve Glosario de términos.
En resumen, para el Ministerio de Sanidad español son «dietas milagro» -y así lo denuncia- La Dieta de Atkins, La Dieta de Montignac, La dieta de la Clínica Mayo, La Antidieta, La Dieta Scardale, La Dieta de Hay o Disociada, La Dieta de Lutz., La Dieta Hollywood, La Dieta ‘toma la mitad’, La Dieta Gourmet, La Dieta Cero, El Régimen de Shelton, La Dieta del Dr. Prittikin, La Dieta del Dr. Haas, La Dieta de los Astronautas y La Dieta de la Proteína Líquida aunque solo entra a «analizar» -es un decir- y a explicar la razón en seis de ellas.
LA POSICIÓN DE LA OCU
Lo lamentable es que con la misma falta de argumentos serios y sólidos -cuando en muchos casos los hay- se vienen pronunciando desde hace años los expertos de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) sobre las dietas ya citadas -y otras- aunque para ellos “las peores” –así lo manifestarían públicamente en 2013- son La Dieta Dukan -“hiperproteica, desequilibrada y liderada por un gurú que tiene mucho que esconder”-, La Dieta Enteral –«una propuesta radical, cara, absurda, sin ningún respaldo científico y totalmente antinatural”-, El método Bimanan –«dieta hiperproteica e hipocalórica, la típica que provoca en quienes la siguen el famoso y temido efecto yo-yo”-, La Dieta de la Zona -«hipocalórica e hiperproteica”- y El sistema Herbalife –“muy hipocalórico y desequilibrado no ayuda a adquirir buenos hábitos dietéticos por lo que aunque se pierda peso rápidamente se recuperará”-. Cabe añadir que la OCU tampoco avala las dietas basadas en el perfil genético asegurando que hoy día «sólo sirven para sacarnos el dinero».
Agregaremos que para la Asociación Británica de Dietética (BDA) «las dietas populares más peligrosas» en 2012 fueron -y por este orden- La Dieta Dukan, La Dieta KEN (por la siglas de Ketogenic Enteral Nutrition) o Dieta de la sonda nasogástrica, La Dieta Intravenosa, La Drunkorexia y La dieta OMG.
En cuanto a España quien ha estudiado más recientemente el asunto es la Asociación de Dietistas-Nutricionistas Diplomados de Navarra (ADDENA) para la cual, tras analizar 86 dietas extraídas durante dos años de distintas revistas -en su mayoría femeninas: Cocina ligera y vida sana, Cosmo dietas, Cuerpo de mujer, Dietética y salud, Elle, Guía Prevenir, Las 100 mejores dietas, Línea saludable, Mía, Mujer de hoy, Muy saludable, Salud vital, Silueta de Mujer, Weight Watchers y Woman– todas son «deficitarias en mayor o menor medida» y pueden acarrear «problemas de salud si se utilizan de forma continuada».
ADDENA hizo un primer descarte con las que no pudieron ser valoradas porque son de menos de una semana, incluyen alimentos que no aparecen en las tablas de ingredientes existentes o usan platos de elaboración compleja sin indicar ingredientes ni cantidades. Nos referimos a éstas: Dieta ligera, Dieta con naranjas desintoxicante para un día, Dieta antioxidante, Dieta rápida, Dieta gourmet, Dieta estándar, Dieta moldeante, Dieta ideal, Dieta de las verduras, Dieta 3D, Plan para bajar volumen, Dieta de los naturistas, Dieta eubiótica, Dieta yoga, Dieta del chucrut, Dieta del día de eliminación, Dieta de los días de descanso, Dieta de las fases lunares, Dieta sin sólidos, Dieta de la limpieza orgánica, Dieta del vientre plano, Dieta de una comida principal, Dieta química, Dieta de la manzana y Dieta mínima.
Y luego otras igualmente carentes de fundamento: Dieta efecto rápido, Dieta de shock, Dieta de la pera y el melón, Dieta del biorritmo, Dieta para adolescentes, Dieta de los colores y las piedras, Dieta de la sopa, Dieta con un toque exótico, Dieta Rajástica, Dieta Pritikin, Dieta de Oriente, Dieta del picoteo, Dieta pre-boda, Dieta de la eterna juventud, Dieta del premio, Dieta puzzle, Dieta del cromo, Dieta del reloj, Dieta de los músculos, Dieta digital, Dieta mental, Dieta entre 20 y 30 años, Dieta entre 30 y 50 años, Dieta para más de 50 años y Dieta del té.
Descartes a pesar de lo cual quedaron aun 36 de la lista original que las autoras de la «investigación» dividieron en seis tipos y «analizaron» desde un punto de vista dietético y nutricional.
:1) Las basadas en un solo alimento que, según aseveran, «pueden producir trastornos digestivos y psíquicos ya que rompen el ritmo alimentario normal» de las que son ejemplos la Dieta del Espagueti, la Dieta de la piña, la Dieta de las uvas, la Dieta del helado, la Dieta de la zanahoria, la Dieta del arroz integral, la Dieta de la patata y la Dieta del espárrago.
2. Las de bajo o muy bajo valor calórico -entre 400 y 1.000 kilocalorías al día- que pueden producir «malestar general, mareos, intolerancia al frío, pérdida de cabello, amenorrea, insomnio o depresión»; como la Dieta 1400, la Dieta Disociada, la Dieta Triple Factor, la Dieta Shelton, la Dieta Saciante, la Dieta de 150 gramos y la Dieta de las proteínas.
3. Las hipoenergéticas (entre 1.000 y 1.200 kcal. al día) porque «no son nutricionalmente adecuadas»; como la Dieta de la uva, la Dieta del arroz integral, la Dieta del helado, la Dieta Personalizada y la Dieta Primavera.
4. Las dietas pobres en hidratos de carbono y/o ricas en grasas porque puede producir «descalcificación ósea y daños renales, pérdida de líquidos, altos niveles de ácido úrico y de colesterol, halitosis, sensación de náuseas o estreñimiento»; como la Dieta Disociada, la Dieta Triple Factor, la Dieta Shelton, la Dieta de los 150 gramos, la Dieta de las proteínas, la Dieta Abierta, la Dieta Exprés, la Dieta de la Naranja y la Dieta Personalizada. Siendo otros ejemplos según las autoras de la investigación la Dieta del Dr. Atkins, la Dieta Scardale, la Dieta de la Clínica Mayo y la Dieta Pemmington.
5. Las dieta ricas en hidratos de carbono porque provocan «carencia de ácidos grasos esenciales, vitaminas liposolubles y proteínas». Son la Dieta Saciante, la Dieta de la Piña, la Dieta Detox y la Dieta del arroz integral; siendo otro modelo conocido el régimen cerealista de la Dieta Macrobiótica.
6. Las dietas pintorescas de menús exóticos porque «no aportan una correcta nutrición»; mencionando la Dieta del buen humor, la Dieta Weight Watchers, la Dieta del chocolate, la Dieta Primavera, la Dieta Antiestrés, la Dieta Sandwich, la Dieta plan personalizado y la Dieta para perder volumen. Descartando todas porque «son deficitarias en minerales y vitaminas» implicando su seguimiento riesgo de sufrir «trastornos orgánicos y metabólicos más o menos relevantes en función del estado de salud de la persona y el tiempo de aplicación de la dieta». Añadiendo que «una dieta debe ser siempre individualizada, equilibrada y variada».
El lector habrá advertido por cierto que algunas dietas han sido incluidas por los expertos de ADDENA en dos apartados y así nos limitamos nosotros a reflejarlo.
En suma, es evidente que tanto los organismos oficiales como las organizaciones de consumidores y las asociaciones de expertos en Nutrición y Dietética se muestran claramente opuestos a las dietas de carácter general por considerarlas ineficaces, nutritivamente deficitarias y algunas, además, peligrosas para la salud. En España y en casi todos los demás países. Solo que ¡en ninguna de esas listas aparece La Dieta Definitiva que lleva ya 17 ediciones y es ampliamente conocida. Motivo más que suficiente tras llevar más de 12 años publicada como para dar a conocer la opinión de su autor.
-Los expertos de los organismos institucionales critican la práctica totalidad de las dietas publicadas; no hay una sola dieta popular famosa que no haya sido objeto de sus críticas ¡salvo la suya! Lo que resulta sorprendente; y no puede deberse a que la desconozcan tras tanto tiempo publicada, llevar 17 ediciones y estar tan presente en internet…
-Cierto; pero es que es difícilmente criticable ya que es variada y nutritivamente equilibrada permitiendo aportar al organismo todo lo que necesita. Y funciona sin pasar hambre, sin tener que pesar la comida, sin contar calorías, sin hacer más ejercicio que caminar un rato al día y sin tomar fármacos o suplementos. Lo singular es que según afirman los expertos ministeriales en la web de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición debería considerarse una «dieta milagro» porque según ellos así debe considerarse toda dieta con la que se pierdan más de 5 kilos al mes, se siga sin esfuerzo y sea segura para la salud. Lo que es una absoluta majadería. Con tal definición todo nutricionista que proponga a un paciente una dieta sana sencilla de seguir y que obtenga un resultado aceptable está sugiriendo una «dieta milagro». Es kafkiano.
-Pero las críticas que se hacen a todas las demás dietas le favorecen…
-No soporto las mentiras y las manipulaciones. Y sobre las dietas criticadas se han dicho muchas falsedades. Es evidente que la mayoría de quienes las critican no se las han leído. De algunas se dicen cosas que son completamente inciertas; y de otras se dicen medias verdades que no se corresponden con la filosofía que subyace en ellas.
-¿Defiende usted la eficacia y seguridad de otras dietas?
-Lo que defiendo es la necesidad de ser honestos con quienes las han desarrollado. Evidentemente no hablo de esas dietas absurdas que se publican en las revistas de la llamada «prensa rosa» que no tienen otro objeto que atraer a personas desinformadas o poco formadas asegurándolas que en tres, siete o quince días van a adelgazar porque así venden revistas y atraen a anunciantes de productos supuestamente adelgazantes ni de esas presuntas revistas de Dietética que semana tras semana publican dietas y dietas por el mismo motivo sino a las formuladas por personas que sí merecen un respeto. Es el caso de autores como Robert Atkins, Michel Montignac y otros a quienes se han hecho críticas no ya injustas sino falsas. Desde mi punto de vista hay en sus propuestas algunos errores de apreciación y estrategia pero de ahí a negar la validez sin más de todo lo que dicen media un abismo.
-¿Funcionan las dietas de esos dos autores?
-Sin duda; pero es verdad que a veces pueden dar lugar a problemas que podrían evitarse fácilmente. Basta hablar con personas que las han seguido para comprobar que algunas terminan teniendo el ácido úrico muy elevado -a veces con ataque de gota, el hígado graso y, a la larga, problemas de salud si ese tipo de alimentación se prolonga en el tiempo. Una dieta para adelgazar solo debe seguirse durante un tiempo determinado para luego, recuperado el peso deseado, volver a una alimentación «normal» (suponiendo que esta expresión signifique algo). Y eso hay que saber cómo hacerlo que es algo que obviamente yo explico en mi libro. Atkins, Montignac y otros no estaban desencaminados cuando escribieron sus obras pero las faltaba información que hoy ya tenemos. Lo lamentable es que sus críticos se han limitado a desprestigiarles en lugar de hacer una valoración serena de sus propuestas. Principalmente aprovechando el absurdo de calificar las dietas de hipocalóricas, hipercalóricas, veganas, vegetarianas, ricas o bajas en carbohidratos refinados, proteicas, grasas, cetogénicas… Porque La Dieta Definitiva por ejemplo puede ser todo eso ¡a la vez! O serlo solo parcialmente. Depende exclusivamente de quien la haga. ¿Puede seguirla un vegano o un vegetariano? ¿Y una persona básicamente carnívora? ¿Y un diabético? ¿Y alguien postrado en una cama o en silla de ruedas? ¿Y un enfermo de cáncer u otra patología? ¿Y un anciano o un niño a partir de los siete años? Evidentemente. Todos. Basta con que excluyan lo que no quieren o no les viene bien ingerir. La dieta se adapta sin problema a cada persona y situación.
-¿Sin déficit nutricional alguno?
-Sin déficit alguno… salvo que quien la siga opte por excluir voluntariamente varios grupos de alimentos y eso no suele pasar porque se puede comer de casi todo: frutas, verduras, huevos, carne, jamón, pescado, marisco, nata desnatada, quesos, yogures, gelatina, aceites, sal, especias, infusiones…
-Teníamos entendido que es usted contrario a los lácteos…
-Y lo soy; no aconsejo tomarlos. Pero si alguien no quiere hacer caso de mi sugerencia está en su derecho de saber que puede ingerirlos en las condiciones que señalo en el libro y aun así adelgazar; y no me explayo porque sería prolijo detallar de forma breve cada tema del libro. Mire, yo no hago en él afirmaciones sin más: las fundamento y explico.
-También reconoce en su obra que su propuesta dietética es ligeramente cetogénica y los expertos dicen que eso es negativo.
–La glucosa es vital para el organismo y cuando no se obtiene con la alimentación porque no se ingieren hidratos de carbono o se ingieren insuficientemente el cuerpo utiliza las grasas para sintetizarla. Un proceso que conlleva la producción de ácido acetoacético parte del cual se convierte en acetona. Pues bien, cuando las grasas se queman con mucha rapidez tanto la acetona como el ácido acetoacético pasan a sangre siendo su presencia en ella elevada y a eso los médicos lo llaman cetosis. Puede saberse que se está en ese estado porque provoca bastante sed y produce un fuerte olor dulzón en el aliento y en la orina. Aunque lo más seguro es comprobarlo comprando unas tiras en la farmacia y mojarlas directamente sobre el chorro de la orina; si se vuelven púrpuras se está en ese estado. Obviamente se puede estar en él unas horas o unos meses; basta tomar cualquier glúcido para evitarlo. Pero si uno no ingiere ningún hidrato de carbono durante mucho tiempo ese estado se mantendrá y en ese tiempo se queman grasas. Pues bien, las dietas cetogénicas se basan en eso pero son peligrosas porque suelen ser desequilibradas. Y si además son hiperproteicas y/o hipergrasas mucho más aún ya que pueden provocar un hígado graso. Además el organismo necesita una cantidad mínima de glúcidos porque de lo contrario, como el cerebro se nutre de glucosa, no podría funcionar bien. Y cuando no hay ingesta de glúcidos o ésta es demasiado pequeña el cerebro puede restringir la entrada de aminoácidos en favor de los glúcidos. Y si no llega uno de los aminoácidos esenciales, el triptófano, no puede formarse uno de los principales neurotransmisores cerebrales: la serotonina. Algo que puede inducir a sufrir irritabilidad, angustia y depresión. En cambio La Dieta Definitiva, siendo equilibrada y sin ser cetogénica –se toman glúcidos–, sin ser hiperproteica, sin ser hipergrasa y sin ser hipocalórica –se puede comer cuanto a uno le plazca– también quema la grasa acumulada. Quizás con algo menos de rapidez pero con la misma eficacia y sin riesgo alguno para la salud. Ésa es su ventaja”.
-¿No hay entonces acidosis metabólica?
-Muchos médicos confunden la cetosis con la acidosis metabólica que se produce cuando los ácidos grasos que entran en el denominado Ciclo de Krebs para ser transformados en dióxido de carbono, agua y glucosa no se queman bien. Algo que, es verdad, puede deberse a que el organismo quema un exceso de proteínas o de grasas pero que en general se debe más bien a otras causas: la falta en el organismo de alguna enzima, vitamina o mineral, la falta de oxígeno, la nula ingesta de hidratos de carbono o el desequilibrio entre los iones de sodio, potasio y calcio, algo propio de quien come con exceso de sal. Lo que no ocurre siguiendo La Dieta Definitiva.
-Una última pregunta: ¿cómo se explica que los expertos critiquen todas las dietas existentes, a excepción de la suya, pero no justifiquen «científicamente» las razones?
-Los expertos postulan simplemente que para perder peso -el ritmo deseable lo cifran entre medio kilo y un kilo por semana- hay que reducir la ingesta calórica y hacer ejercicio físico siguiendo una dieta variada y equilibrada. Dieta que debe pautar siempre un médico, algo por cierto absurdo porque a éstos no se les enseña Nutrición en las facultades de Medicina. Y seguir las recomendaciones, en cuanto a los grupos de alimentos se refiere, de la llamada pirámide alimentaria que se creó a comienzos de la década de los setenta y el Gobierno norteamericano modificó en 1992 por una nueva que tenía ya en cuenta los estilos de vida, permite personalizarla en función de las necesidades y sugiere limitar la ingesta de sodio (sal) y azúcar. La antigua pirámide sugería las porciones que una persona debía consumir de los distintos grupos de alimentos dividiéndolos en bandas horizontales. Y en ella las grasas y los dulces estaban en la parte superior y se recomendaba un consumo mínimo; después aparecían la carne y los lácteos -sugiriéndose tomar entre 2 y 3 raciones diarias-, luego las verduras y frutas -recomendando entre cinco y nueve raciones- y, por último, las legumbres y cereales –incluido el pan, el arroz y las pastas- con entre 6 a 11 raciones. Pero a partir de 1992 se propuso tomar una mayor variedad de alimentos calculando las calorías ingeridas. Y los grupos alimenticios se representaron en grupos identificados por seis colores verticales: naranja para los granos, verde para las hortalizas, rojo para las frutas, amarillo para los aceites, azul para los productos lácteos y púrpura para la carne y las legumbres. Reflejando con bandas más anchas los granos, hortalizas, productos lácteos y frutas para indicar que deben ser los más consumidos. Y así se mantuvo hasta que en 1997 un comité de expertos publicó un informe para la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Food and Agriculture Organization (FAO) en el que se sugería incluir la aplicación del índice glucémico en la pirámide alimentaria. Sería sólo a partir de este momento cuando la OMS y la FAO empezaron a recomendar una dieta mixta donde sólo los carbohidratos de bajo índice glucémico formen la base de la pirámide. Por desgracia los errores tardan en corregirse normalmente más de lo debido y muchos especialistas en Nutrición siguen hablando de la importancia de los carbohidratos con alto contenido en almidón en general sin atender a su índice glucémico. De hecho la pirámide alimentaria española de 2004 incluye en su base el consumo de 4 a 6 raciones diarias de pan, cereales, cereales integrales, arroz, pasta o patatas (4 a 6 raciones día), la mayor parte de ellos alimentos de alto índice glucémico.
-Y todo esto es lo que, entre otras muchas cosas, usted explica en La Dieta Definitiva…
-Efectivamente.
Jorge Palafox
La dieta occidental exacerba el sistema inmune y provoca todo tipo de patologías Número 216 – Junio 2018Cambiar tamaño: AA+A++Tiempo de lectura: 9 minutos La dieta occidental rica en carbohidratos refinados, azúcares, grasas animales y aceites saturados además de baja en fibra -frutas y vegetales- activa genes que exacerban la respuesta del sistema inmune innato provocando estados proinflamatorios tan importantes como los de una infección grave y volver a una dieta saludable no garantiza deshacer el daño causado. Es más, a largo plazo contribuye a la aparición de sobrepeso, obesidad, hipertensión, diabetes, arteriosclerosis, disfunciones intestinales, problemas cardiacos y muchas otras afecciones, cáncer incluido. Tal es al menos la conclusión de una investigación de la Universidad de Bonn (Alemania) recién publicada en Cell. Es hora pues de que las autoridades sanitarias tomen cartas en el asunto ignorando las presiones de la industria alimentaria.
Que la dieta occidental actual, la intoxicación, el sedentarismo y un descanso insuficiente e inadecuado son las principales causas de la epidemia de sobrepeso, obesidad y otras muchas disfunciones patológicas de nuestra sociedad es bien sabido pero hasta ahora nadie había planteado que afectara tanto al organismo como una grave infección microbiana; sin embargo así lo entiende el doctor Eicke Latz, experto de prestigio internacional galardonado el pasado mes de diciembre de 2017 en Alemania con el Premio Gottfried Wilhelm Leibniz postulándolo en un trabajo que con el título Fast food makes the immune system more aggressive in the long term, (La comida rápida hace que el sistema inmune sea más agresivo a largo plazo) se publicó en enero pasado en Cell con Anette Christ como primera firmante. “Nuestros estudios –se dice en el trabajo- sugieren que el sistema inmune considera la dieta occidental una amenaza y activa potentes mecanismos antiinfecciosos como la hematopoyesis a la vez que se mantiene en estado de alerta generando células mieloides programadas para responder a agentes inflamatorios secundarios”.
Y que tiene razón parece indicarlo el hecho de las enfermedades crónicas han sustituido hoy como principal causa global de mortalidad a las infecciosas. A finales del siglo XIX la mitad de las muertes se debían de hecho a infecciones microbianas pero hoy ese porcentaje ha disminuido hasta el 15%, especialmente por la mejora de las condiciones socio-sanitarias así como por el consumo de antibióticos. Y eso implica que más del 80% de los fallecimientos no achacables al envejecimiento natural ya no se deben a enfermedades transmisibles sino a patologías -agudas o crónicas- que en gran parte tienen que ver con el exceso de azúcares, grasas saturadas animales y dietas desequilibradas que son las que dan lugar al sobrepeso, la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, entre otras patologías. Enfermedades no transmisibles con una característica común: cursan acompañadas de severos procesos inflamatorios al igual que acaece en los casos de infecciones de cierta gravedad.
Obviamente son por eso numerosos los trabajos que demuestran que una mala alimentación es causa de muy distintas patologías -especialmente de las llamadas «enfermedades inflamatorias»- y que ello se debe a la relación entre lo que ingerimos, la microbiota intestinal y el sistema inmune pero lo que aún no se había inferido es que además desencadena cambios epigenéticos en las células progenitoras de la médula ósea siendo ello lo que provoca que el sistema inmune reaccione de forma exacerbada. Y eso es lo que ha inferido el trabajo del equipo internacional de la Universidad de Bonn dirigido por el doctor Eicke Latz.
EL SISTEMA INMUNE INNATO PRIMERO DISPARA Y LUEGO PREGUNTA
Recordemos que para enfrentarnos a los microorganismos invasores los vertebrados desarrollamos a lo largo de la evolución dos sistemas inmunes: el innato y el adaptativo. El primero responde inmediatamente a toda sustancia extraña no identificada ajena al organismo que se introduce en él -virus, bacterias, hongos, parásitos, toxinas, células cancerosas- y estimula la rápida producción y envío a la zona afectada de células especializadas a fin de defenderse: células asesinas naturales, macrófagos, neutrófilos, eosinófilos, interferones, interleuquinas, células dendríticas…. Y el adaptativo reacciona de manera especializada a la producción de antígenos que permitan luego identificar a los que han sobrevivido a fin de inmunizarse contra ellos desarrollando anticuerpos específicos. Luego el sistema inmune adaptativo obtiene la información del funcionamiento previo del sistema inmune innato. Cabe añadir que hasta hace muy poco se pensaba que sólo el sistema inmune adaptativo era capaz de generar «memoria» pero en los últimos años se ha comprobado que tanto tras una infección como después de recibir una vacuna las células inmunes innatas muestran cambios a largo plazo que provocan mejor capacidad de respuesta ante la estimulación por patógenos, mayor producción de mediadores inflamatorios y más eficacia en la eliminación de la infección. Es lo que los investigadores han denominado “memoria inmune innata” o “trained inmunity” (inmunidad entrenada).
De ahí que -como se recuerda en el trabajo- “tras una infección las defensas del cuerpo permanecen en estado de alarma para poder responder más rápidamente a un nuevo ataque». Proceso que con el tiempo puede acabar derivando en estados crónicos autoinflamatorios. Así lo señala por ejemplo Mihai G. Netea -del Departamento de Medicina Interna del Radboud Center for Infectious Diseases de Nijmegen (Países Bajos)- en su trabajo Trained inmmunity: A program of innate inmune memory in healt an disease (Inmunidad entrenada: un programa de memoria inmune innata en salud y enfermedad) publicado en 2106 en Science: “El sistema inmunitario adaptativo ha permitido evolucionar y mejorar la capacidad física; por ejemplo protegiendo tras una infección o una vacunación o haciendo la mucosa más tolerante a los microorganismos colonizadores. Apoyando estudios iniciales experimentales la hipótesis de que la memoria inmune innata es uno de los principales procesos inmunológicos de protección inespecífica de las infecciones inducidas por vacunas como las de la tuberculosis y el sarampión que, sin embargo, si se activa de forma inapropiada puede dar lugar a parálisis, sepsis o enfermedades autoinflamatorias”.
- Ciccarelli, investigador de la School of Allergy and Clinical Immunology de la Universidad de L’Aquila (Italia) explica por su parte en un trabajo publicado en 2013 en Current Medical Chemistry con el título An update on autoinflammatory diseases (Una actualización sobre enfermedades autoinflamatorias) que en el amplio espectro de enfermedades autoinflamatorias se incluyen ya el síndrome metabólico y la obesidad porque ambos problemas están directamente relacionados en la gran mayoría de las ocasiones con la dieta occidental.
Cabe asimismo señalar que los estudios realizados hasta hoy han demostrado que el sistema inmune innato se basa en una reprogramación epigenética del ADN que no implica cambios genéticos permanentes sino temporales.
LA DIETA OCCIDENTAL, TÓXICA
¿Y cómo ha llegado el equipo de la Universidad de Bonn a la conclusión de que la comida occidental desencadena una inflamación «estéril» que puede acaba convirtiéndose en una enfermedad inflamatoria de larga duración? Pues dando de comer durante un mes a dos grupos de ratones dietas muy diferentes. De hecho alimentaron a los miembros de uno con la Dieta Chow -modelo animal de dieta sana- y al otro con la Western Diet o Dieta Occidental -modelo animal de una alimentación que se sabe contribuye al sobrepeso, a aumentar los niveles de colesterol y triglicéridos, a la formación de placas de ateroma, a favorecer la presión arterial y al llamado Síndrome Metabólico-. Pues bien, los animales que recibieron esta segunda dieta desarrollaron una respuesta inflamatoria similar a la que hubieran sufrido por una infección con microorganismos patógenos.
Así lo cuenta Anette Christ, coautora del estudio: “La dieta poco saludable dio lugar a un inesperado aumento en sangre del número de células inmunes, especialmente de granulocitos y monocitos. Señal clara de que en la respuesta inmunitaria participan progenitores de células inmunes de la médula ósea”. Y no olvidemos que los monocitos dan lugar a los macrógafos y los granulocitos a los neutrófilos.
Posteriormente, para comprender mejor el alcance de la respuesta inmune a la dieta, extrajeron y aislaron células progenitoras de la médula ósea de los diversos tipos de células inmunes a los dos grupos de ratones constatando los estudios genómicos que la dieta occidental había activado gran cantidad de genes responsables de la proliferación y maduración de las células mieloides. Así lo explicaría el doctor del Instituto de Ciencias Médicas y de la Vida de la Universidad de Bonn Joachim Schultze, coautor del estudio.
Lo más sorprendente en cualquier caso fue que cuando se volvió a dar a los ratones alimentados con la dieta occidental durante otras cuatro semanas su dieta típica de cereales la inflamación aguda desapareció ¡pero no la reprogramación genética de las células inmunes y sus precursoras! Muchos de los genes que se habían activado seguían estando activos. “La alimentación con la dieta occidental -cuentan los autores- indujo una reprogramación compleja de células mieloides que llevó a una hiperactividad de larga duración y a una alteración cualitativa incluso después de que los ratones volviesen a alimentarse con la Dieta Chow». Análisis posteriores mostrarían que tales cambios prepararon a las células del sistema inmune para desencadenar una respuesta inmune innata más activa y rápida.
UN SENSOR PARA LA COMIDA RÁPIDA
Constatado que el sistema inmune innato no solo desencadena procesos inflamatorios al reaccionar frente a patógenos invasores sino que también lo hace ante peligros «estériles» (no infecciosos) -como la dieta occidental- los investigadores decidieron conocer qué mecanismos están involucrados en ello. Así que examinaron las células sanguíneas de los 120 ratones del experimento constatando que en los que sufrieron una respuesta más intensa del sistema inmune innato participaba activamente un complejo multimolecular citosólico: el inflamasoma NLRP3. Hablamos de un complejo multiproteico del interior de las células que tanto ante la presencia de microbios patógenos -virus, bacterias, hongos y parásitos- como de sustancias tóxicas -como el asbesto o el aluminio de las vacunas- liberan interleuquinas inflamatorias como la citoquina IL-1b: Es más, aparecen incluso ante las proteínas betaamiloides, los cristales de oxalato cálcico y, como ahora acaba de constatarse, ante una comida inadecuada.
Juan Carlos Hernández López -de la Universidad Cooperativa de Colombia- da cuenta de ello en su trabajo Activación y regulación del inflamasoma NLRP3 en las enfermedades infecciosas– publicado en octubre de 2011 en IATREIA diciendo: “Se han descrito muchos síndromes autoinflamatorios -también conocidos como síndromes asociados a NLPR3- en los que la alteración en los mecanismos de regulación promueve una respuesta inflamatoria crónica y descontrolada. Lo interesante es que ese hallazgo tiene una conexión funcional con la producción de IL-1b, observación que se confirmó en pacientes tratados con antagonistas de esa interleucina en los que disminuyeron los signos y síntomas de la enfermedad”.
Conclusión con la que coincide el trabajo actual de los investigadores de la Universidad de Bonn en el que podemos leer lo siguiente: “Nuestro estudio, junto con el publicado en 2018 en Cell por Mitroulis y otros, indica que la IL-1b -que activa el inflamasoma NLPR3- es probablemente el mediador endógeno de los mecanismos que pone en marcha el sistema inmune innato. Trabajos anteriores ya habían establecido que inyectar IL-1b antes de una infección experimental puede prevenir la muerte por esa causa. Es pues probable que la IL-1b generada por el NLRP3 sea clave en la activación provocada por la dieta occidental insana”.
En suma, los investigadores se encontraron de forma inesperada con que además de una respuesta inflamatoria aguda seguir una dieta calórica tiene consecuencias a largo plazo en el sistema inmune al modificar epigenéticamente el ADN haciendo que éste reaccione incluso a pequeños estímulos de esa comida. Y parecen estar en lo cierto porque los ratones a los que se «silencia» el NLRP3 no sufren inflamación sistémica aún siguiendo esa dieta, ni proliferan los progenitores mieloides, ni hay reprogramación genética.
Aún así admiten que se necesitan más estudios para aclarar el papel del NLRP3 en el proceso de reprogramación epigenética observado. «El inflamasoma NLRP3 es mecánicamente el receptor central de la inflamación sistémica que induce la dieta occidental y la reprogramación de precursores mieloides lo que abre oportunidades terapéuticas para las patologías asociadas a la misma (…) Y puede allanar el camino a tratamientos novedosos como el de usar inhibidores moleculares que bloqueen la vía de señalización NLRP3”.
Aunque mucho más sencillo sería, obviamente, seguir una dieta sana; algo que el propio doctor Latz asume al afirmar: “Nuestros hallazgos tienen una relevancia social importante. Los fundamentos de una dieta saludable deberían convertirse en una parte mucho más importante de la educación de lo que lo es en la actualidad. Solo así podremos inmunizar en etapas tempranas a los niños contra las tentaciones de la industria alimentaria. Los niños pueden elegir lo que comen todos los días y deberíamos asegurarnos de que toman decisiones conscientes fomentando en ellos hábitos dietéticos sanos”.
Terminamos aclarando que lo que los investigadores de la Universidad de Bonn quisieron comparar son los efectos de una dieta basada en verduras, hortalizas, cereales, pescado y aceites vegetales -usando el modelo protocolario de investigación con animales denominado Dieta Chow- con una basada en grasas animales, aceites saturados, carne roja y carbohidratos refinados a la vez que baja en frutas, verduras frescas y granos integrales –modelo protocolario de investigación con animales denominado Western Diet o Dieta Occidental que asimilan genéricamente a la «comida rápida o basura»-. Sin embargo el estudio es limitado y parcial porque ni todas las grasas animales ni todos los aceites saturados son igual de dañinos aunque sí indica que una dieta habitual alta en carbohidratos refinados, azúcares, grasas animales y aceites saturados además de baja en fibra -frutas y vegetales- puede hacer que el sistema inmune innato reaccione de forma similar a cuando se sufre una infección grave y que el organismo tarda tiempo en recuperarse.
Antonio F. Muro
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