Diezmo

El diezmo y la Ley El diezmo formaba parte de la Ley que Jehová Dios entregó a las doce tribus del antiguo Israel hace más de tres mil quinientos años. Según esta, la décima parte del producto de la tierra y de los árboles frutales, así como la décima parte del aumento que experimentaran los rebaños, debían entregarse a los levitas a fin de apoyar el servicio que desempeñaba esta tribu en el tabernáculo (Levítico 27:30, 32; Números 18:21, 24). Jehová aseguró a los israelitas que la Ley ‘no sería demasiado difícil para ellos’ (Deuteronomio 30:11). Si eran fieles en la observancia de los mandatos divinos, incluido el diezmo, Jehová cumpliría su promesa y tendrían magníficas cosechas. Como medida contra la escasez, todos los años también se apartaba un segundo diezmo, que por lo general se utilizaba cuando la nación se congregaba con motivo de las fiestas religiosas. De ese modo podían satisfacerse ‘el residente forastero, el huérfano de padre y la viuda’ (Deuteronomio 14:28, 29; 28:1, 2, 11-14). La Ley no prescribía ningún castigo por no pagar el diezmo, pero todo israelita estaba bajo la obligación moral de apoyar así la adoración verdadera. De hecho, Jehová lanzó la siguiente acusación contra los israelitas que descuidaban el diezmo en tiempos de Malaquías: “¡En los diezmos y en las ofrendas me han defraudado!” (Malaquías 3:8, Versión Popular). ¿Podría acusarse de igual modo a los cristianos que no pagan el diezmo? Pensemos por un momento. Las leyes no suelen tener v[...x]