La septuaginta, primer antecedente de una traducción del Antiguo Testamento.
El termino “septuaginta” es utilizado darle un nombre a la traducción del Antiguo Testamento hebreo y arameo al idioma griego.
Técnicamente hablando, no existe una versión unificada o completa de “la Septuaginta”.
Las copias modernas de esta versión son ediciones “eclécticas”, es decir, una colección de los mejores manuscritos griegos reconstruidos para aproximarse a la traducción original del Antiguo Testamento.
Entonces, cuando los académicos usan el término Septuaginta, no se refieren a un solo texto. Mejor dicho, se refieren a una colección de traducciones griegas producidas por numerosos escribas en el transcurso de unos pocos cientos de años y compuestas en diferentes lugares. Hoy, el término se usa generalmente para referirse a las diversas traducciones de la Biblia hebrea al idioma griego.
¿Cuál es la historia de esta importante traducción?
La carta de un hombre llamado Aristeas nos habla del posible origen de la Septuaginta. Aristeas, que aparentemente era un judío alejandrino, escribe a su hermano Filócrates y le cuenta lo que sucedió en la corte de Ptolomeo II (308–246 a.C.).
En esta carta, el rey le pide a Demetrio, su bibliotecario, arreglar que la Ley Judía sea traducida y agregada a la colección real de libros. Así se envía una carta a Eleazar (260–245 a.C.), el sumo sacerdote judío de Jerusalén, pidiéndole ayuda para traducir la Ley. Aristeas mismo es uno de los dos hombres escogidos para llevar la petición a la capital judía.
Aristeas describe todo esto, hasta detalles del templo judío, los sacerdotes, los campos y demás. Setenta y dos ancianos, seis de cada una de las doce tribus, fueron escogidos como traductores y enviados a Egipto, llevando con ellos una hermosa copia de la Ley. Aristeas enlista los nombres de los traductores. Por alguna razón el número original de los setenta y dos ha sido redondeado a setenta.
Aristeas describe el origen de la Septuaginta con la traducción del Pentateuco. Esto se hizo en Alejandría, donde había una gran población judía y donde sería necesaria una traducción del hebreo al griego.
Probablemente la Septuaginta se produjo en Egipto, durante ese periodo; que la Torá, o Pentateuco, se tradujo cerca de mediados del siglo III a.C. y que el resto del Antiguo Testamento se tradujo en el siglo II a.C.
¿Por qué se realizó?
Esto sucedió por qué en el período exílico o post-exílico, y el arameo se convirtió en la lengua franca o idioma común del pueblo judío. Y con el posterior ascenso de Alejandro Magno (356-323 a.C.) y el imperio griego, los judíos de la diáspora fueron helenizados, y para algunos judíos, especialmente para los que vivían en el Egipto ptolemaico, el griego se había convertido en su idioma principal. Por lo tanto, se hizo necesario que las Escrituras se tradujeran al griego.
Primera traducción al latín.
La “Vetus Latina” es el nombre colectivo dado a los textos bíblicos en Latín, que fueron traducidos a partir del siglo II, desde la lengua griega (Septuaginta o Versión de los Setenta para la mayoría de los libros del Antiguo Testamento y originales griegos para los libros del Nuevo Testamento).
La Vulgata.
La Vulgata es una traducción de la Biblia hebrea y griega al latín, realizada a finales del siglo IV (en el 382 d.C.), por Jerónimo de Estridón.
¿Quien la mando escribir?
Fue encargada por el papa Dámaso I dos años antes de su muerte (366-384). La versión toma su nombre de la frase vulgata editio (edición divulgada) y se escribió en un latín corriente en contraposición con el latín clásico de Cicerón, que Jerónimo de Estridón dominaba. El objetivo de la Vulgata era ser más fácil de entender y más exacta que sus predecesoras.
El papa Dámaso había instruido a Jerónimo a ser conservador en su revisión de los viejos evangelios latinos. Es posible ver la obediencia de San Jerónimo a este mandato de la preservación en la Vetus Latina de la variante del vocabulario latino para los mismos términos griegos. Por lo tanto, “summum sacerdote” se convierte en “princeps sacerdotum” en la Vulgata en Mateo; como “summus sacerdos” En la Vulgata en Marcos; y como “pontífice” en la Vulgata en Juan.
Diferencias entre la “Vetus latina” y la”Vulgata”.
Los evangelios de la Vetus Latina habían sido traducidos de originales griegos del tipo de texto occidental, sin embargo, la mayoría mostraba poca concordancia entre traducciones.
La comparación de los textos del Evangelio de Jerónimo con los de los antiguos textos latinos, sugiere que su revisión se centró sustancialmente en redactar su fraseología “occidental” ampliada de acuerdo con los textos griegos de los mejores testigos tempranos bizantinos y alejandrinos.
Un cambio importante introducido por Jerónimo, fue reordenar los evangelios latinos. Los libros antiguos del evangelio latino generalmente seguían la “Orden del Oeste”: Mateo, Juan, Lucas, Marcos; donde Jerónimo adoptó la “Orden griega” – Mateo, Marcos, Lucas, Juan.
Parece que siguió este orden en su programa de trabajo; a medida que sus revisiones se vuelven progresivamente menos frecuentes y menos consistentes en los evangelios, presumiblemente hechos más adelante.
Jerónimo adoptó lecturas que no correspondían a una interpretación directa del latín antiguo o del texto griego, reflejando una interpretación doctrinal particular.
Traducción de la Biblia al español.
Primeras traducciones al español
Las primeras traducciones de la Biblia al castellano son las llamadas prealfonsinas, que preceden a la denominada Biblia alfonsina (1260-1280) incorporada en la General estoria de Alfonso X el Sabio.
Traducciones “prealfonsinas”.
Previamente, y durante el propio siglo XIII, se había llevado a cabo otra traducción, la llamada Biblia prealfonsina, de la que se conservan algunos fragmentos en la biblioteca del Monasterio de El Escorial.
Además de varias Biblias (solamente el Antiguo Testamento) que sirvieron para la compresión del idioma hebreo.
El primer testimonio histórico de la presencia de la Vulgata en España.
Se encuentra en el siglo IV, en una carta de San Jerónimo a Lucinio de Bética, y luego otra a su viuda Teodora, en la que da cuenta de la copia de los libros del Antiguo Testamento, que hasta ese momento había traducido, así como del Nuevo Testamento revisado, y su transporte a España. Así pues, parte de la Vulgata entra por primera vez a España cerca del año 398.
Allí coexiste con algunas formas de la Vetus durante siglos. Habría habido una edición parcial o total de la Vulgata para mediados del siglo V, debida a Peregrino, supuestamente un obispo del norte español. Se piensa que en el siglo VII, San Isidoro, Obispo de Sevilla, habría hecho una nueva edición revisada de la Vulgata. A pesar de lo inseguro de los datos, sí es un hecho que la Vulgata circuló extensamente en España, desde donde se difunde a otros pueblos.
El proceso de estas traducciones.
El proceso de traducciones de los textos bíblicos a lenguas hispánicas se produce hacia el siglo XIII. Habría un curioso antecedente de algunos pasajes del Antiguo Testamento traducidos al castellano por Aimerich Malafaida, quien llegaría a ser el tercer patriarca de Antioquía.
También se traduce el Salterio a un idioma hispánico, pero desde el hebreo y no desde el griego que venía siendo lo usual. Esta traducción se debería a Mons. Hernán Alemán (25), Obispo de Astorga.
La biblia alfonsina.
Es una biblia romanceada, es decir, una traducción de la Biblia al castellano, del año 1280, la más antigua en español y la primera Biblia completa de la que se dispuso en un idioma europeo que no fuera el latín.
Patrocinada por el rey Alfonso X, la llevó a cabo la Escuela de Traductores de Toledo, que tomó como punto de partida el texto latino de la Vulgata de Jerónimo, como era costumbre antiguamente.
Se utilizó el Castellano medieval, que conservaba muchas características del latín, dado que esa fue una de las principales razones del porque se usó la Vulgata.
Otras traducciones antiguas.
Para el siglo XV se tiene noticia de varios proyectos de traducción del Antiguo Testamento del hebreo y del latín, cuyos manuscritos se encuentran en El Escorial. Al menos dos o tres tienen como destinatarios a creyentes judíos.
“La lectura de la Biblia en lengua vernácula era frecuente en el siglo XV, no sólo en las sinagogas y entre los conversos, sino también en no pocos conventos y entre los seglares. Fray José de Sigüenza aporta datos del biblismo entre los jerónimos del siglo XV. Sólo así se explica el crecido número de traducciones y de glosas” (30).
Una versión en latín de los libros en hebreo del Antiguo Testamento
Para 1526 circula una versión en latín de los libros en hebreo del Antiguo Testamento debida a Alfonso de Zamora (31) y Pedro Sánchez Ciruelo (32), que eran cristianos versados en la lengua hebrea.
Traducción que parece haber sido interlineal por lo que declaran sus autores al indicar que “a cada palabra hebrea correspondiese la latina superpuesta” (33).
Del citado Ciruelo hay también una Tetrapla (34) latina en columnas según el texto hebreo, arameo, de los LXX y de la Vulgata.
Biblia de Alba
Otra traducción importante de ese tiempo es la llamada Biblia de Alba, por sus poseedores, los de la casa de Alba. Habría sido realizada, del hebreo y del latín, por un rabino de nombre Mosé Arragel de Guadalfajara, hacia el primer tercio del siglo XV (35), a pedido de Luis de Guzmán, Maestre de la Orden de Calatrava.
También otra importante traducción habría sido una Biblia en catalán de 1407. Al igual que la catalana, es la impresa hacia 1478, y vinculada al prior cartujo Bonifacio Ferrer, hermano de San Vicente.
Biblia de Ferrara.
Otra traducción veterotestamentaria es la curiosa traducción al castellano impresa en Ferrara, Italia, en 1553, por los judíos Duarte Pinel (Abraham Usque) y Gerónimo de Vargas (Yom Tob Atias). Al parecer una misma impresión básica habría dado lugar a dos ediciones diferentes, con algunas variantes según a quien iban dedicadas, una al Duque de Ferrara y otra a una matrona judía, Gracia Nacy (36).
Otras Biblias.
Alfonso V, apodado el Magnánimo, rey de Aragón, habría encargado una traducción española de todo el Antiguo Testamento realizada del hebreo y el latín según el orden de la Vulgata. Un ejemplar de éste se encontraría en la biblioteca real de San Lorenzo (38). Al parecer el Cardenal Quiroga obsequia al rey Felipe II una versión análoga.
El año de 1512, el franciscano fray Ambrosio de Montesinos, traductor de la famosa Vita Christi de Ludolfo cartujano (39), corrige una traducción de las lecciones litúrgicas de los Evangelios y las Epístolas de un laico de Zaragoza, Micer Gonzalo de Santa María (40).
La revisión y corrección de la obra de 1485 la realiza Montesinos por encargo de los Reyes Católicos (41). Otra traducción es realizada años después; está en El Escorial con el título de Nova traslación y interpretación española de los cuatro Evangelios.
También se produce una traducción de los Evangelios y Epístolas directamente del griego al castellano, por un judío converso al catolicismo, Martín de Lucena. Esto ocurría en 1450. Otros traductores de los Evangelios en esos tiempos son el benedictino Dom Juan de Robles (42), monje de Montserrat, y el jerónimo José de Sigüenza.
La reforma protestante.
Cómo se ssbe, se le conoce como Reforma protestante o, simplemente, la Reforma, el cual fue un movimiento religioso cristiano iniciado en Alemania en el siglo XVI por Martín Lutero, que llevó a un cisma de la Iglesia católica para dar origen a numerosas iglesias agrupadas bajo la denominación de protestantismo.
Causas de este movimiento.
Esta Reforma tuvo su origen en las críticas y propuestas con las que diversos religiosos, pensadores y políticos europeos buscaron provocar un cambio profundo y generalizado en los usos y costumbres de la Iglesia católica, además de negar la jurisdicción del papa sobre toda la cristiandad.
El movimiento recibirá posteriormente el nombre de Reforma protestante, por su intención inicial de reformar el catolicismo con el fin de retornar a un cristianismo primitivo, y debido a la importancia que tuvo la Protesta de Espira, presentada por algunos príncipes y ciudades alemanas en 1529 contra un edicto del emperador Carlos V tendiente a derogar la tolerancia religiosa que había sido anteriormente concedida a los principados alemanes.
Este movimiento hundía sus raíces en elementos de la tradición católica medieval, como el de los Alumbrados y la reforma del Cardenal Cisneros en España,[1] y también el movimiento de la Devoción moderna en Alemania y los Países Bajos, que era una piedad laica antieclesiástica y centrada en Cristo.
Además, la segunda generación del humanismo la siguió en gran medida. Comenzó con la predicación del sacerdote agustino Martín Lutero, que revisó la doctrina de la Iglesia católica según el criterio de su conformidad a las Sagradas Escrituras.
En particular, rechazó la teología sacramental católica que, según Lutero, permitía y justificaba prácticas como la «venta de indulgencias», consideradas un secuestro del Evangelio, el cual debía ser predicado libremente y no vendido.
Principales impulsores del protestantismo en Europa.
La Reforma protestante dependió del apoyo político de algunos príncipes y monarcas para poder formar iglesias cristianas de ámbito estatal (posteriormente iglesias nacionales). Los principales exponentes de la Reforma protestante fueron Martín Lutero y Juan Calvino.
El protestantismo ha llegado a constituir la segunda gran rama del cristianismo, con un grupo de fieles que actualmente supera los 900 millones.
La reforma protestante en España.
La historia de la Reforma protestante en España se remonta al siglo XVI, cuando varios creyentes españoles se sintieron plenamente de acuerdo con los planteamientos de la Reforma protestante iniciada por Martín Lutero en Alemania.
Grupos destacados de entre estos creyentes fueron los de Valladolid (afines al luteranismo) y Sevilla (inicialmente favorables al calvinismo). Del grupo sevillano participaron los monjes jerónimos del Monasterio de San Isidoro del Campo.
En sus inicios, el protestantismo español se extendió principalmente entre la clase noble y culta, debido a su relación con el humanismo y la lectura de la Biblia.
Principales impulsores del “protestantismo” en España.
Están nombres insignes como el de Juan de Valdés, Francisco de Enzinas y de los monjes Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera y Antonio del Corro. A Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera les debemos la primera traducción de la Biblia al castellano.[1]
¿Por qué la reforma protestante no funcionó en España?
La Reforma protestante en España no arraigó debido a la implacable persecución a la que fueron sometidos los luteranos por la Inquisición española, lo que obligó a los que pudieron escapar a refugiarse en estados protestantes o más tolerantes.
Henry Kamen destaca que «España era el único país europeo que contaba con una institución nacional dedicada a erradicar la herejía».[2]
Pero también existieron otras razones, como las que señala Joseph Pérez: «España estaba alejada del epicentro de la revolución religiosa; las reformas introducidas en la disciplina eclesiástica y en las órdenes religiosas en los primeros años del siglo XVI, aunque limitadas, habían contribuido a corregir ciertos abusos; por último, las inquietudes religiosas habían adoptado en la península Ibérica una forma original.
En España es más fuerte la tentación del iluminismo que la del luteranismo o del calvinismo». Henry Kamen apunta otra más: «España no había experimentado desde el comienzo de la Edad Media ni una sola herejía que triunfara a nivel popular.
Todas las luchas ideológicas desde la Reconquista se habían dirigido contra las religiones minoritarias, el Judaísmo y el Islam. En consecuencia, no había habido herejías autóctonas, al estilo de la de John Wycliff en Inglaterra, sobre las que pudieran enraizar las ideas luteranas».[2]
Amberes, traducciones de la Biblia al español y la Reforma.
En el siglo xvi, sobre todo durante su segunda mitad, la literatura religiosa española abundaba en los Países Bajos meridionales, en particular en Amberes, una ciudad comercial y un centro tipográfico destacados.
Además de las traducciones de la Biblia, los impresores de Amberes difundieron obras teológicas, libros de oraciones y de meditación, sermonarios y catecismos, todos ellos en castellano, así como obras de autores religiosos y profanos, como Antonio de Guevara o el predicador Constantino de la Fuente, quemado por la Inquisición española en 1560.
La mayor parte de estos libros ya habían aparecido en España. En este sentido, conviene recordar las buenas relaciones económicas e intelectuales entre la ciudad de Amberes y España, que aproximaban a los impresores del mercado del libro español.
Un buen número de las ediciones publicadas en los Países Bajos se destinaban a la exportación, no solo hacia España, sino también hacia Alemania y Francia. Estos libros debían ser relativamente económicos en la península ibérica. Pero una parte importante de la edición era destinada al mercado local amberino y flamenco58.
Personajes que influyeron en la difusión y mercadeo de los libros de índole religioso en España.
En Amberes, diversos actores habían invertido en el mercado del libro religioso español, pero solo algunos impresores lo dominaron realmente, a saber, Joannes Steelsius (1500-1562, activo de 1533 a 1562), Martinus I Nutius (1515-1558, activo de 1539/1540 a 1558) y Christophe Plantin (ca. 1520-1589, activo de 1548 a 1589) Steven Mierdmans, Matthias Crom, Jean de Laet y Guillaume Simon imprimieron también obras en español de carácter religioso.
Nutius y sus sucesores tenían editados 151 libros en castellano de 1543 a 1615. Steelsius y sus sucesores publicaron 62 libros en castellano entre 1539 y 1574. Nótese que, en 1558-1559, estos dos impresores detuvieron bruscamente la producción de libros religiosos en español, mientras que sus otras ediciones, sobre todo en latín, se siguieron imprimiendo.
Las razones de esta abrupta parada se relacionan con la política religiosa en vigor en España en esos años, como hemos visto en la primera parte de este capítulo. Así, en 1558, el rey Felipe II prohibió por ley la importación a España de los libros en lengua vernácula que nos disfrutaran de licencia real.
Tras las muertes de Nutius, en 1558, y de Steelsius, en 1562, sus sucesores, unidos a otros impresores de Amberes, prosiguieron la impresión de obras en español a lo largo del período 1560-1585.
¿Cuáles fueron las traducciones españolas de la Biblia impresas en Amberes por los hombres aquí mencionados?
El año de 1538, Steelsius publicó la traducción de las epístolas y evangelios de Ambrosio de Montesinos, cuya primera versión había aparecido en 1512. Esta obra conoció un gran éxito, pues hubo reediciones de Steelsius en 1544, 1550 y 1558. La edición de 1558 fue impresa por Jean de Laet por orden de Steelsius. En 1545, Joannes Steelsius editó una traducción de los salmos al español, pero se ignora de qué traducción se trata exactamente.
En 1543, Martinus I Nutius publicó la primera versión de una traducción de los siete salmos penitenciales, de los quince salmos graduales y de las lamentaciones de Jeremías. La obra no menciona al autor, pero se atribuye a Hernando de Jarava, un teólogo y capellán de la reina Leonor de Francia, hermana de Carlos V69.
Importancia de estás obras.
La obra completa la reimprimió Nutius en 1546 y 1556, y se incluyó en el Índice de 1559. En 1550, este imprimió una parte de la obra bajo el título Las liciones de Job con los nuevos psalmos, que se incorporó al Índice de Valdés de 1551.
En 1543 apareció en Amberes, editada por Steven Mierdmans, la célebre traducción española del Nuevo Testamento realizada por Francisco de Enzinas, titulada El Nuevo Testamento de nuestro Redemptor y Saluador Iesu Christo.
Se imprimieron dos versiones: con y sin el adjetivo solo referido al sustantivo Salvador en la portada73. Salvo algunas excepciones, todos los ejemplares con la palabra solo fueron destruidos; probablemente, a causa de la connotación luterana del término.
El título original de la obra, que nunca fue impreso, puede ser reconstruido como El Nuevo Testamento, esto es, el nuevo pacto de nuestro Redemptor y solo Saluador Iesu Christo, y tiene también connotaciones reformadas por el uso de pacto.
Jean de Laet publicó en 1555, por orden de Steelsius, la traducción española de la paráfrasis del Salterio latino del médico católico holandés Raynerius Snoy Goudanus (ca. 1477-1537), amigo de Erasmo.
Según Boehmer, la traducción española se publicó por primera vez en 1548 en Valladolid.
La versión latina apareció por primera vez en 1535 en Amberes editada por Michael Hillen van Hoogstraten y se reimprimió 23 veces entre 1535 y 1559. El Índice español de 1559 solo prohíbe la versión española de esta obra, mencionada como Psalterio de Raynerio, en romance.
La Biblia del Oso, de Casidoro de Reina.
El año de 1569 se publicó en Basilea, editada en Samuel Apiarius por Thomas Guarin, la primera traducción integral en castellano de la Biblia, realizada por Casiodoro de Reina.
Conocida como la Biblia del Oso a causa de la presencia de un oso deleitándose con miel sobre las guardas, la edición, probablemente, se sufragó con la ayuda de la herencia de Pérez de Pineda, y conoció numerosas reediciones y revisiones a lo largo de los siglos siguientes.
Reina fué fraile en el monasterio de San Isidoro del Campo, en los alrededores de Sevilla. Era un centro importante de estudio y de traducción de la Biblia, el lugar donde entró en contacto con las doctrinas reformadas53. A causa de sus simpatías, marchó del convento con un grupo de frailes y se instaló en Ginebra hacia 1557.
En 1558 fue a Londres, donde fue ministro de los refugiados españoles protestantes. Durante este período, Reina comenzó su traducción de la Biblia.
En 1562, la Inquisición de Sevilla lo declaró hereje y le remitió, por contumacia, al brazo secular (en efigie). Además, sus libros fueron incluidos en el Índice.
En 1563, Reina partió hacia Amberes, donde se encontró con los autores de la Biblia Regia. Entre tanto, continuó trabajando en su proyecto de traducción.
A partir de abril de 1564, Reina estaba en Fráncfort del Meno con su familia. Tres años más tarde, en 1567, se instaló en Basilea, donde se imprimieron 2.600 ejemplares de su traducción de la Biblia en septiembre de 1569.
Para la traducción de la biblia pudo haber utilizado la Biblia de Ferrara y las obras de Sanctes Pagnini y de Sébastien Castellion, pero también las de Valdés, Enzinas y Pérez de Pineda.
Cuatro razones para justificar su traducción.
En el prefacio de la Biblia, Reina formulaba cuatro razones para justificar su traducción.
Primero, manifestaba que la Sagrada Escritura era un instrumento legítimo para los hombres que deseaban la salvación.
Segundo, según él, la idea de que la traducción violaría el respeto por la Biblia se originaba en formas de superstición y de religión que se alejaban del verdadero Dios.
En tercer lugar, prohibir la traducción sería una afrenta a la luz y la verdad contenidas en la palabra divina.
Finalmente, el estudio de la palabra de Dios había sido impuesto a todos, como lo atestiguaban los múltiples testimonios recogidos por los dos testamentos.
Reina también añadía una transcripción de la tercera y la cuarta reglas del Índice tridentino en latín y en español, traducidas por él, y les daba su propia interpretación. La tercera regla tomaba en cuenta las traducciones de la Biblia que se podían utilizar, mientras que la cuarta regla, célebre, precisaba que el lector de la Biblia debía ser apto para leerla y disponer del permiso del obispo.
A partir de esas reglas, Reina concluía que la traducción de la Biblia estaba autorizada. La traducción se incluyó en el Índice de 1583.
Tras la impresión de su traducción, Reina volvió a Fráncfort del Meno, donde obtuvo la ciudadanía local el 16 de agosto de 1571 y se adhirió a la fe, principalmente bajo la influencia de su amigo Matthias Ritter.
Fue entre 1578 y 1585, en tiempos de la república de Amberes o república calvinista (1577-1585), Reina residió de nuevo en esta ciudad, donde permaneció hasta 1585. Regresó a Fráncfort del Meno, donde fallecio.
Otras obras de Reina.
Reina luchó contra la inquisición redactando diversos libros que son célebres. El escribió la primera obra dirigida contra el Santo Oficio, titulada Sanctae Inquisitionis hispanicae artes aliquot detectae, ac palam traductae (Exposición de las prácticas de la Santa Inquisición de España), incluida en el Índice de 158356.
Este libro se imprimió en 1567 en Heidelbergbajo el seudónimo de Reginaldus Gonsalvius Montanus.
El año de 1554, Reina tradujo al español De haereticis, an sint persequendi (De los herejes, si deben ser perseguidos), una obra de Sébastien Castellion que criticaba la actitud de Calvino y su justificación de la ejecución del antitrinitario Miguel Servet en Ginebra. Hacia 1580 publicó, siguiendo el modelo de Lutero, un catecismo.
Biblia Reina-Valera.
La Biblia del Cántaro, generalmente nombrada como Biblia Reina-Valera.
Es considerada como la primera edición corregida de la Biblia del Oso de Casiodoro de Reina, realizada por Cipriano de Valera, quien la comenzó —probablemente en Londres— en 1582 y la publicó en Αmsterdam (Provincias Unidas de los Países Bajos, «En Caʃa de Lorenço Iacobi») en 1602.
Siendo hasta la actualidad la traducción de la Biblia al español más difundida, especialmente en Sudamérica.
Esta es de las traducciones de la Biblia al español más frecuentemente utilizadas entre los protestantes hispanohablantes.
La actual Reina Valera es el resultado de un conjunto de revisiones hechas por las Sociedades Bíblicas Unidas sobre una de las primeras traducciones de la Biblia español: La Biblia del oso de 1569.
En sentido más amplio, incluye las revisiones hechas por otras entidades que se basan en los textos de la Reina Valera.
Traducción del monje español convertido al Protestantismo, Casiodoro de Reina, conocida como la Biblia del oso de 1569, tiene la característica de ser la primera traducción de la Biblia en ser realizada a partir de los textos en lenguas originales, utilizando el Texto Masorético para el Antiguo Testamento y el Textus Receptus para el Nuevo Testamento. Recibe el sobrenombre de Reina Valera por haber hecho Cipriano de Valera la primera revisión de ella en 1602.[2]
Revisiones de las Sociedades Bíblicas Unidas.
Reina-Valera 1865 (RV1865).
Para el mundo latinoamericano, la Sociedad Bíblica Americana patrocinó una revisión de la Biblia en español, “versión de Cipriano de Valera revisada y corregida”. [11] Fue hecha por el misionero español Dr. Ángel Herreros de Mora y el misionero estadounidense Henry Barrington Pratt. Los libros deuterocanónicos fueron quitados de la Biblia enteramente. Terminando el trabajo que de Valera empezó en 1602 por colocarlos en una sección aparte entre los testamentos.
Esta Biblia era la publicada por la Sociedad Bíblica Americana por los próximos 58 años, hasta que se publicó la Reina-Valera 1909 en el año 1923.
Esta revisión fue publicada de nuevo por la Sociedad Bíblica Valera, ahora conocido como Ministerios Valera 1865, con su base de operaciones internacionales en Antioquia, Colombia.
Reina-Valera 1909 (RV1909).
En 1862 fue publicada por la imprenta de la Universidad de Oxford la “Antigua versión de Cipriano de Valera.
Cotejada con diversas traducciones y revisada con arreglo á los originales hebréo y griego”, hecha por Lorenzo Lucena Pedrosa, suprimió la sección de “Apócrifos” de la Biblia del Cántaro.[12]
En 1907, conjuntamente la Sociedad Bíblica Americana y la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera decidieron emprender otra revisión, que encargaron a un Comité integrado por Victoriano D. Baez, Carlos W. Dress, Enrique C. Thomson, Juan Howland y Francisco Diez, el cual comenzó a reunirse en 1909 y publicó su versión revisada en 1923, la que se conoce como la Reina-Valera 1909, por el año en que comenzó el trabajo del Comité.[13]
Reina-Valera Revisada 1960 (RVR1960).
La Reina-Valera Revisada 1960 fue llevada a cabo por un grupo de biblistas de varios países hispánicos provenientes de diversas denominaciones cristianas.[14]
La comisión revisora tuvo en cuenta las observaciones hechas por pastores y laicos de España y América Latina.[14]
Todo esto sin alterar el sentido básico del mensaje bíblico y preservando además el estilo y cadencia del texto de Reina.[14]
El tipo de traducción de la RVR60 es de equivalencia formal. Esta es la versión más aceptada por todas las iglesias de Latinoamérica y España.
Reina-Valera Revisada 1995 (RVR1995).
La Reina-Valera Revisada 1995 también fue llevada a cabo por un grupo de biblistas de varios países hispánicos provenientes de diversas denominaciones cristianas.[16]Esta versión es para uso de estudio bíblico.
Reina-Valera Contemporánea (RVC).
En 2011 salió la Reina-Valera Contemporánea (RVC), elaborada por el Comité de Revisión y Traducción de las Sociedades Bíblicas Unidas.
La base textual de la RVC es la Biblia Hebraica Stuttgartensia para el Antiguo Testamento y el Textus Receptus para el Nuevo Testamento.[17]
La RVC indica con notas al pie de página las diferencias más notables entre el Textus Receptus, The Greek New Testament de las Sociedades Bíblicas Unidas y el Texto Crítico de Nestle y Aland.[17]
En la RVC se sustituyó el nombre divino «Jehová» por «Señor», siguiendo el ejemplo de la Septuaginta.[17]
El tipo de traducción de la RVC es de una equivalencia más dinámica, ya que busca presentar un texto donde predomine la naturalidad de expresión y que siga una sintaxis más moderna.[17]
Entre esos cambios en el lenguaje están:
- Mayor uso del orden sintáctico del castellano (Sujeto-Verbo-Objeto) en vez del hebreo (Verbo-Sujeto-Objeto).
- Sustitución de aquellos gerundios que dan al español giros extraños.
- Mejor uso de los signos de puntuación.
- Lenguaje más adaptado al español de América.
- Una onomástica moderna.[17]
Otras traducciones utilizadas por la iglesia cristiana.
“La Biblia de las Américas.”
Completed in 1986 by a team of Latin American evangelical Bible scholars, La Biblia de las Américas (LBLA) is an original work translated from the Hebrew-Aramaic and Greek directly into modern Spanish.
Modern Spanish grammar and language have been used to produce a text of high literary quality that is easy to read and understand. LBLA presents the Word of God in a clear and flowing style while maintaining accuracy.
Following the same principles of translation set for the NASB, La Biblia de las Américas is understandable to the general public and also suitable for serious study, preaching, and daily reading.
Biblia “Dios Habla Hoy”.
Dios Habla Hoy (DHH), también conocida como Versión Popular, es una traducción ecuménica de la Biblia hecha por biblistas de diversas confesiones cristianas. Fue publicada por las Sociedades Bíblicas Unidas y el CELAM. Tiene los textos deuterocanónicos. Está escrita en un lenguaje sencillo y adaptado al español de América.
Se usó como base textual para el Antiguo Testamento el texto masorético (Biblia Hebraica 3a edición, 1937, editado por Rudolf Kittel, y cuando estuvo disponible, el de la Biblia Hebraica Stuttgartensia)[2], y ocasionalmente otros manuscritos en hebreo y arameo cuando, a juicio de los expertos, el texto masorético no pueda ser entendido con claridad.[1]
Para el Nuevo Testamento se emplearon como fuente varias ediciones críticas en griego.[1]
La técnica de traducción es la equivalencia dinámica, que «intenta comunicar la idea expresada en el texto base ―si es necesario, a costo de la literalidad, orden original de las palabras, la voz gramatical del texto base, etc―».
Biblia “Nueva Traducción Viviente”.
Tyndale House Publishers. La Santa Biblia, Nueva Traducción Viviente (NTV), es una nueva traducción en la que se trabajó alrededor de diez años.
Es fruto del trabajo de más de cincuenta eruditos en las áreas de teología, traducción, estudios lingüísticos, corrección de estilo, corrección de gramática, tipografía, edición y otros.
También representa una asociación entre varios ministerios y editoriales como la editorial Tyndale, la Editorial Unilit y la Asociación Luis Palau.
Biblia “Nueva Versión Internacional”.
La Nueva Versión Internacional (NVI) es una traducción evangélica en Inglés, español y portugués de la Biblia. Esta versión está traducida directamente de fuentes en hebreo, arameo y griego.
Está tiene su origen en un proyecto de traducción moderno de la Asociación Nacional de Evangélicos de los EE. UU. en 1957.[1]
En 1967, Bíblica asumió la responsabilidad del proyecto y contrató a un equipo de 15 expertos de varias denominaciones cristianas evangélicas y de varios países para la traducción de los manuscritos los más antiguos.[2]
El Nuevo Testamento fue publicado en 1973 por Zondervan en los Estados Unidos, y la Biblia completa en 1978.[3]
En 1999 se publicó una traducción al español, seguida de una traducción al portugués en 2001. [4][5]
En 2013, la Nueva Versión Internacional es una de las versiones más difundidas de la Biblia. e han vendido más de 450 millones de copias solamente de su traducción al inglés.[6]
Existen muchas más traducciones y versiones de la biblia, pero coloco estás por qué son las más utilizadas por los cristianos.
¿Que versión es la ideal?
¿Cuál es la mejor traducción de la Biblia al español? Debe responderse tomando en cuenta al menos tres consideraciones importantísimas:
- Los textos originales, hebreos, arameos, y griegos usados en la traducción.
- La técnica de traducción utilizada.
- El propósito principal para el cual dicha versión será utilizada.
A continuación, analizaremos cada una de estas consideraciones para evaluar la Reina Valera Revisada 1960 (RVR), La Biblia de las Américas (LBLA), la Nueva Versión Internacional (NVI), la Nueva Traducción Viviente (NTV), y la Biblia Dios Habla Hoy (DHH), entre otras.[1]
1. Los textos originales usados como base para la traducción.
Los libros que componen la Biblia fueron originalmente escritos a mano (de allí llamados manuscritos) en tres lenguajes.
El Antiguo Testamento fue escrito mayormente en hebreo, con algunas porciones en arameo. Por su parte, el Nuevo Testamento fue escrito en griego koiné, el griego popular en el primer siglo d. C.
En la época posterior a la Reforma, todas las versiones europeas, incluyendo la Biblia de Lutero en Alemania (1534).
La Biblia del Oso de Casiodoro de Reina en España (1569), fueron traducidas a partir de un número bastante limitado de manuscritos hebreos y griegos. Para el NT utilizaron las ediciones del NT griego-latín de Erasmo, cuya base textual radicaba mayormente en solo tres manuscritos griegos.
Este texto llegó a conocerse como el Texto Recibido o textus receptus.
Es también la base para el NT de la versión Reina-Valera original, la Biblia del Cántaro (1602).
Sin embargo, con el paso de los siglos, se han seguido descubriendo muchísimos manuscritos adicionales, tanto hebreos como griegos.
En muchos casos, estos textos son más antiguos y confiables que los que poseían Erasmo y el resto de los reformadores. Y esta abundancia de manuscritos, con sus variantes y discrepancias, ha dado lugar a la disciplina de la crítica textual.
Hoy en día, todas las nuevas traducciones de la Biblia se basan en el llamado texto críticocrítico.
Es decir, un texto que compara todos los manuscritos disponibles para determinar el texto más cercano a los manuscritos originales.
Textos críticos del Antiguo y Nuevo Testamento.
Los textos críticos más respetados en la actualidad son la Biblia Hebraica Stuttgartensia (1977) para el Antiguo Testamento hebreo.
Y el de las Sociedades Bíblicas Unidas (UBS4 o UBS5), o el de Nestlé-Aland (NA27 o NA28), para el Nuevo Testamento griego.
Al considerar textos originales utilizados por los traductores de las diferentes versiones, podemos afirmar que en el Nuevo Testamento, más recientes (NVI, LBLA, NTV) tienen un mejor texto griego que Reina Valera 1960.
En cierto sentido, la dependencia de la RVR en el textus receptus es su desventaja más grande en relación a las demás versiones castellanas que. Sin excepción, tienen su origen en el texto crítico, un texto demostrablemente superior y más confiable. Adicionalmente, estas versiones tienen la ventaja de haber sido traducidas más recientemente, y por ende usan un español más contemporáneo y fácil de entender.
2. La técnica de traducción utilizada en cada versión.
De acuerdo a la Real Academia Española, traducir es “expresar en una lengua lo que está escrito o se ha expresado antes en otra”.
El segundo aspecto esencial al evaluar una versión de la Biblia es la técnica primaria utilizada al traducir de un lenguaje a otro. Dicha tarea es noble, compleja, y trascendental. Si la traducción es imprecisa, el significado original del texto podría corromperse o perderse. La precisión asegura la fidelidad del significado en el nuevo idioma. La meta, por tanto, es que la traducción sea lo más precisa y fiel posible.
Inclinación de las traducciones entre significado exacto de las palabras y significado exacto de las ideas.
Viendo esto, algunas traducciones se inclinan por preservar el significado exacto de las palabras, mientras que otras prefieren preservar el significado exacto de las ideas. La técnica de traducción que preserva el significado palabra por palabra se conoce como equivalencia formal o literal.
En contraste, la técnica de traducción pensamiento por pensamiento se conoce como equivalencia dinámica o funcional. Todas las versiones utilizan en mayor o menor medida ambas metodologías de traducción.
Observemos un ejemplo en algunas traducciones castellanas de Romanos 12:20:
NA28
RVR
NTV
ἀλλ’ἐὰν*πεινᾷ ὁ ἐχθρός σου, ψώμιζε αὐτόν·*ἐὰν διψᾷ, πότιζε αὐτόν· τοῦτο γὰρ ποιῶν ἄνθρακας πυρὸς σωρεύσεις ἐπὶ*τὴν κεφαλὴν*αὐτοῦ.
Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.
Antes bien, “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Actuando así harás que se avergüence de su conducta.”
Original.
Principalmente Equivalencia Formal
Principalmente Equivalencia Dinámica.
La primera parte del pasaje es muy similar en las tres versiones. La RVR ofrece un lenguaje un poco más elegante y formal, mientras que la NVI y la DHH presentan un texto más casual.
Pero la diferencia significativa se observa en la última frase del versículo. La RVR usa la equivalencia formal, palabra por palabra: “ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza”. De esta manera es fiel al texto original, pero al mismo tiempo oscurece el significado para el lector de habla hispana, ya que la frase no es fácil de entender en nuestro idioma.
En contraste, la NVI y la DHH utilizan la equivalencia dinámica para comunicar (o interpretar) el pensamiento detrás de las palabras originales. De esta forma traducen: “harás que se avergüence”, o “harás que le arda la cara de vergüenza”.
Exactitud de las traducciones.
Podemos afirmar, entonces, que las traducciones que utilizan principalmente la equivalencia formal (RVR y LBLA) son más precisas textualmente. Pero el significado del texto es, en ciertas partes, más difícil de entender para la mayoría de las personas.
Esto es inevitable debido a las diferencias históricas, culturales y literarias implícitas en el mensaje comunicado en los lenguajes originales. contraste con las del idioma español.
Las traducciones que utilizan mayormente la equivalencia dinámica (NVI, NTV, DHH), son menos precisas textualmente, pero comunican mejor las ideas expresadas por el texto.
En otras palabras, en la traducción dinámica, el traductor efectúa, en un sentido muy real, parte de la tarea de interpretación en favor del lector, para facilitarle la comprensión del texto.
Por este motivo, las traducciones dinámicas tienden también a utilizar un lenguaje más sencillo y conversacional.
En resumen, al considerar las técnicas de traducción, versiones como la LBLA y la RVR son sin duda más precisas textualmente que la NTV o la NVI.
Pero NVI y la NTV son mucho más accesibles y comprensibles para el creyente laico, y en general mantienen un buen equilibrio entre precisión y claridad.
3. El propósito principal para el cual la traducción será usada.
Leerla y escucharla (Dt. 17:19; 1 Ti. 4:13, Ap. 1:3).
Antes que otra cosa, debemos exponernos a las Escrituras directa y personalmente. Esto implica leer sus palabras, en silencio y en voz alta; pero además escuchar su mensaje de manera audible.
Es decir, la Biblia fue escrita para ser recibida.
Y la recepción de su mensaje se practica cuando la escuchamos proclamada, y no solo cuando la leemos.
Esto genera una pregunta importante: cuando nos sentamos a escuchar una lectura, ¿preferimos algo que podemos entender, o algo que requiere de mucha explicación?
Al contar con múltiples versiones en castellano, debemos preguntarnos cuál de ellas es más comprensible al ser leída en público, y al mismo tiempo fiel al texto original.
Meditar en ella (Jos. 1:9 RVR).
Meditar significa considerar seriamente alguna idea o pensamiento, posiblemente repitiendo las palabras en tono suave.
En otras palabras, cuando Dios nos invita a meditar en las Escrituras, su deseo es que pensemos cuidadosamente en su significado y su importancia para nuestra vida. Sin lugar a dudas, esto también asume que comprendemos el mensaje de las palabras que leemos.
Aprenderla, cumplirla, y vivir conforme a ella (Sal. 119:7-9 NVI).
En otras palabras, al leerla, nuestro propósito es que informe y transforme la manera en que vivimos.
Nuevamente, esto demanda que entendamos el significado de sus palabras y la forma en que es aplicable a nuestras vidas.
Examinarla (NTV) o escudriñarla (RVR), buscando comprender su significado (Hch. 17:12).
Las Escrituras también deben ser estudiadas cuidadosamente, investigando e indagando diligentemente para descubrir su significado completo y verdadero.
Esto es necesario porque es evidente que hay ciertas porciones de la Biblia que son difíciles de comprender (ver 2 Pe. 3:16).
Debemos deleitarnos en ella (Sal. 119:16,24, 47).
Por último, las Escrituras no son meramente para nuestra instrucción, guía, o transformación. ¡Son para nuestro gozo!
Cuando las atesoramos y las obedecemos, esto fructifica en un gozo inevitable que satisface el alma y la llena de paz y esperanza, aun en medio de las circunstancias más difíciles.
En este caso, también se asume necesariamente que entendemos el mensaje del texto de forma tal que puede transformar los afectos de nuestro corazón.
Resumiendo esto, podemos ver qué la “mejor” traducción de la Biblia debe contener al menos estás características.
- Proceda de los mejores textos originales griegos y hebreos disponibles.
- Traduzca el texto utilizando un correcto balance de técnicas de traducción, de tal manera que preserve con precisión no solo el significado de las palabras, sino también de las ideas que el texto comunica.
- Sea de fácil lectura y comprensión cuando es leída y escuchada en público o privado, de manera que su meditación sea efectiva y capaz de transformar tanto nuestra manera de pensar como nuestros afectos, sin requerir que en cada momento nos veamos forzados a dilucidar su significado.
Conclusiones.
Toda esta información, que en verdad es muy interesante, podemos concluir que las traducciones que se han hecho a los distintos idiomas del mundo (casi todos los existentes), y relacionado para este artículo en específico, el idioma español.
Todos estos textos bíblicos fueron traducidos desde un punto de vista más formal y analítico, para que todos en el mundo, en nuestro caso los hispanoparlantes, puedieran tener acceso al contenido de la Biblia de una manera accesible y fidedigna y así conocer al Dios verdadero.
También quiero hacer énfasis en que ninguna traducción es 100 porciento infalible, pues fueron traducidas por hombres y entendiendo que muchas veces no se puede encontrar una equivalencia literaria de un idioma a otro, pues se tiene que buscar algo similar, sin tener que cambiar el sentido de lo que Dios nos quiere hablar.
Dios les bendiga.
Referencias.
https://biteproject.com/septuaginta/
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Vetus_Latina
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Biblia_alfonsina
http://www.clerus.org/clerus/dati/2004-06/22-15/sbbcas.html
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Reina-Valera
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Anexo:Traducciones_de_la_Biblia_al_espa%C3%B1ol
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Dios_Habla_Hoy
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Nueva_Versi%C3%B3n_Internacional
https://books.openedition.org/cvz/5747?lang=es
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